Estoy estrujando.

Las bolas de papel, las estás aplastando -dijo desesperado, ansioso por el revuelo de los pliegues, que     elegantemente     aplaudían y se abrazaban, entrelazando sus líneas y márgenes, inundando el contorno de la mano que los sujetaba impúdica.
Estrujándolos apasionadamente, electrificándolos en el éxtasis de su posesionamiento, embargándoles el sueño para dormir en sus recuerdos.-

                                                    Ellos también quieren que los estrujen.